
Crisis energética global: riesgos y oportunidad para Argentina
Redacción
La escalada en Medio Oriente volvió a colocar al petróleo por encima de los USD 80 por barril y elevó con fuerza el gas natural en Europa y Asia, reintroduciendo una prima geopolítica en los mercados energéticos. Para economías importadoras netas, el escenario implica mayor presión inflacionaria y deterioro de balanza comercial. Sin embargo, para países con potencial exportador de hidrocarburos, el shock puede traducirse en mejora de términos de intercambio y mayor atractivo para inversiones upstream.
En este contexto, Argentina enfrenta una posición ambivalente pero potencialmente favorable. El país dejó atrás el pico de déficit energético registrado entre 2013 y 2022 y logró reducir significativamente las importaciones de GNL gracias al crecimiento de la producción no convencional en Vaca Muerta y a la expansión del Gasoducto Perito Francisco Pascasio Moreno. Con mayor autoabastecimiento de gas y aumento sostenido de la producción de petróleo, el impacto negativo por suba de precios internacionales es hoy menor que en crisis previas.
La principal fortaleza estructural es Vaca Muerta, la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo shale. Con costos de extracción competitivos en dólares y productividad creciente por pozo, el break-even en áreas core se ubica por debajo de los USD 45–50 por barril, lo que amplía márgenes con un Brent en torno a USD 80. Además, el incremento de exportaciones de crudo hacia Chile, Brasil y Estados Unidos, junto con proyectos de GNL en evaluación, posiciona al país como potencial proveedor incremental en un mercado global tensionado.

No obstante, la oportunidad no es automática. La capacidad de capturar plenamente el beneficio depende de estabilidad macroeconómica, acceso a financiamiento, seguridad jurídica y ampliación de infraestructura (oleoductos, plantas de licuefacción y puertos). Un entorno internacional de precios altos puede acelerar decisiones de inversión y mejorar el ingreso de divisas, fortaleciendo la balanza energética y las reservas del Banco Central. Pero si persisten restricciones cambiarias o regulatorias, el país podría perder una ventana estratégica en un momento en que el mundo vuelve a priorizar seguridad de suministro por sobre transición acelerada.



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