
Gasoductos en Argentina: la infraestructura que define el techo de la producción
Redacción
En julio de 2026, la Argentina atraviesa uno de los momentos más singulares de su historia energética reciente: la producción de gas natural en Vaca Muerta alcanza registros históricos, pero la capacidad de transporte amenaza con convertirse en el factor limitante que frene la expansión. Para Neuquén, que concentra más del 55% de la producción gasífera del país, esta tensión entre oferta y logística no es abstracta: se traduce en precios, en regalías, en empleo y en la viabilidad de decenas de proyectos de inversión que esperan señales claras antes de comprometer capital. El dilema del transporte de gas ya no es una cuestión técnica de segundo orden; es el eje central sobre el que pivota la estrategia energética nacional.
El sistema de transporte de gas argentino fue diseñado, en su arquitectura principal, durante las décadas de 1980 y 1990, cuando la producción provenía mayoritariamente de cuencas maduras como Austral y Noroeste. La privatización del sector en 1992 creó dos grandes transportistas: TGN (Transportadora de Gas del Norte) y TGS (Transportadora de Gas del Sur), que operan la red troncal de gasoductos con capacidades combinadas que en su momento resultaban holgadas. Durante los años del congelamiento tarifario —que se extendió de 2002 a 2017 con ajustes parciales— la inversión en infraestructura de transporte se desplomó, y el sistema envejeció sin expansión significativa. Recién con la política de recomposición tarifaria iniciada en 2017 y, sobre todo, con el impulso de Vaca Muerta desde 2018 en adelante, la discusión sobre capacidad de transporte volvió a la agenda. El hito más reciente y relevante fue la construcción del Gasoducto Néstor Kirchner (GNK), cuya primera sección entre Tratayén (Neuquén) y Salliqueló (Buenos Aires) entró en operación en julio de 2023 con una capacidad inicial de 11 millones de metros cúbicos diarios (Mm³/d), ampliable a 22 Mm³/d en su segunda etapa.
A mediados de 2026, el Gasoducto Néstor Kirchner opera cerca de su capacidad nominal en los picos de demanda invernal, transportando entre 19 y 21 Mm³/d según datos operativos del ENARGAS. La producción total de gas en Argentina ronda los 155 Mm³/d, de los cuales Neuquén aporta aproximadamente 85 Mm³/d. Los principales operadores en la cuenca neuquina —YPF, TotalEnergies, Shell, Tecpetrol y Pan American Energy— mantienen planes de expansión agresivos en shale gas, con pozos de la formación Vaca Muerta que individualmente pueden producir entre 300.000 y 500.000 m³/d en sus primeros meses. TGS, como operadora del gasoducto troncal sur, y TGN en el norte, ejecutan obras de compresión adicional que permitirían sumar entre 3 y 5 Mm³/d de capacidad incremental sin construir nueva infraestructura de gran porte. En paralelo, el proyecto de la segunda sección del GNK —que conectaría Salliqueló con San Jerónimo, en Santa Fe— avanza en instancia de licitación, con una inversión estimada de 700 millones de dólares y una capacidad adicional proyectada de 11 Mm³/d. La exportación de gas a Chile, Brasil y Uruguay, que en el primer semestre de 2026 acumuló ingresos superiores a 1.200 millones de dólares, depende directamente de contar con capacidad ociosa en el sistema de transporte.

Los desafíos son múltiples y se superponen. El primero es financiero: la tarifa de transporte, pese a los ajustes de los últimos años, sigue siendo un tema sensible en un contexto de inflación y tipo de cambio volátil. TGN y TGS requieren certidumbre tarifaria de largo plazo para justificar inversiones en compresión y nuevos caños que demoran entre 18 y 36 meses en ejecutarse. El segundo desafío es regulatorio: el esquema de acceso de terceros a la red (open access) funciona bien en teoría, pero en la práctica la asignación de capacidad en períodos de alta demanda genera disputas entre productores, distribuidoras y exportadores. El ENARGAS enfrenta presión simultánea de todos los actores. El tercer desafío es el financiamiento de nueva infraestructura: el Estado nacional no está en condiciones de replicar el esquema del GNK —financiado en parte con fondos del IEASA y deuda pública— y el sector privado exige rentabilidad garantizada vía contratos de largo plazo con productores âncora. La oportunidad, sin embargo, es extraordinaria: Argentina tiene reservas probadas de gas por más de 30 años al ritmo de consumo actual, y la demanda regional e internacional de GNL y gas por gasoducto está en crecimiento sostenido.
Las decisiones que se tomen en el segundo semestre de 2026 serán determinantes. La segunda sección del GNK necesita adjudicación antes de fin de año para no perder la ventana de construcción que permitiría sumarla al sistema en el invierno de 2028. Paralelamente, el debate sobre una planta de licuefacción de GNL de escala exportadora —con proyectos como el de YPF-Petronas y otros consorcios privados— exige resolver primero la ecuación del transporte interno: no hay GNL posible sin capacidad de llevar el gas desde los yacimientos hasta la costa. Neuquén, en este escenario, juega una partida doble: por un lado, presiona al gobierno nacional para acelerar la infraestructura que le permita monetizar sus reservas; por otro, negocia con las operadoras las condiciones de los nuevos contratos de explotación. El techo de la producción argentina de gas no lo impone ya la geología. Lo impone el acero.
Puntos clave
- El Gasoducto Néstor Kirchner opera entre 19 y 21 Mm³/d en picos invernales de 2026, cerca de su capacidad nominal de 22 Mm³/d.
- Neuquén aporta aproximadamente 85 de los 155 Mm³/d de producción nacional, superando el 55% del total del país.
- La segunda sección del GNK (Salliqueló–San Jerónimo) requiere inversión de 700 millones de dólares y agregaría 11 Mm³/d adicionales.
- Las exportaciones de gas regional acumularon más de 1.200 millones de dólares en el primer semestre de 2026, dependiendo de capacidad ociosa en el sistema.
Preguntas del sector
¿Cuál es la diferencia entre capacidad de transporte firme y capacidad interrumpible en el sistema argentino?La capacidad firme garantiza al cargador el uso del gasoducto en cualquier condición operativa, incluidos los picos de demanda invernal; tiene prioridad absoluta y costo más elevado. La capacidad interrumpible, en cambio, se asigna cuando existe espacio disponible en el sistema y puede ser suspendida ante congestión o necesidades prioritarias; su tarifa es menor pero no ofrece garantía de despacho, lo que la hace apta para exportaciones spot o generación eléctrica flexible pero no para contratos firmes de suministro industrial.
¿Qué impacto tiene la estacionalidad sobre la capacidad del sistema de transporte?Argentina enfrenta una demanda pico de gas en invierno que puede duplicar los niveles de verano. En julio, la demanda residencial y de calefacción absorbe la mayor parte de la capacidad disponible, reduciendo el margen para exportaciones e industria. Esta estacionalidad obliga a los operadores de transporte a diseñar el sistema para la punta de demanda, con infraestructura que permanece subutilizada varios meses al año. La falta de almacenamiento subterráneo de escala —Argentina cuenta con capacidad de almacenamiento limitada comparada con Europa o Estados Unidos— agrava la presión sobre el transporte en los meses críticos.
¿Cómo se financia la expansión de infraestructura de transporte de gas en el marco regulatorio actual?El esquema vigente combina tres fuentes: tarifas reguladas que permiten a TGN y TGS recuperar inversiones con una tasa de retorno establecida por el ENARGAS; contratos de capacidad de largo plazo (ship-or-pay) con productores ancla, que garantizan ingresos mínimos y habilitan el financiamiento bancario de proyectos; y, en casos de interés público prioritario como el GNK, participación directa del Estado a través de IEASA o fideicomisos con respaldo de fondos del sistema energético. El desafío actual es que el tercer mecanismo está limitado por la restricción fiscal del gobierno, lo que eleva la presión sobre los dos primeros.




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