
Neuquén diseña su economía para el día después de Vaca Muerta
Redacción
El gobierno de Neuquén avanza en una estrategia de diversificación económica que apunta a construir una base productiva sostenible más allá del ciclo hidrocarburífero. El ministro de Economía, Producción e Industria, Guillermo Koenig, reveló que el programa Invierta Neuquén ya registra más de 100 empresas interesadas en radicarse en la provincia, mientras se ejecutan obras hídricas que permitirían incorporar hasta 50.000 nuevas hectáreas bajo riego en el valle de Picún Leufú, más del doble de las 23.000 hectáreas irrigadas actuales.
La iniciativa responde a una realidad estructural que los economistas neuquinos vienen señalando desde hace más de una década: la economía provincial depende en más de un 60% de la renta hidrocarburífera, tanto en términos de recaudación provincial como de actividad del sector privado. Esa concentración, que fue funcional durante el boom de inversiones en Vaca Muerta iniciado con fuerza a partir de 2017, expone a Neuquén a una vulnerabilidad sistémica ante cualquier caída sostenida del precio internacional del petróleo o ante un eventual plateau de producción. El corolario es conocido: cuando el precio del barril cae, el presupuesto provincial se ajusta, la obra pública se retrae y el empleo no-petrolero resiente el impacto.
Los datos del sector primario ilustran el desafío. La ganadería neuquina —principalmente caprina y bovina extensiva en la estepa patagónica— enfrenta un deterioro productivo acumulado por sobrepastoreo y desertificación que afecta a más de 4 millones de hectáreas en la provincia. La fruticultura del Alto Valle, compartida con Río Negro, atraviesa una crisis de rentabilidad estructural agravada por costos logísticos, tipo de cambio y competencia de productores chilenos. La vitivinicultura patagónica, aunque en expansión, representa todavía una fracción menor del total nacional. En ese contexto, el gobierno provincial está aplicando una bonificación tarifaria eléctrica de hasta el 30% para productores rurales e industrias vinculadas al riego, empaque, frigoríficos y bodegas, una señal de política concreta aunque de alcance aún acotado.

El impacto de Vaca Muerta en el tejido económico neuquino es innegable: la formación shale generó en 2025 más de 650.000 barriles de petróleo equivalente por día a nivel nacional, con Neuquén como epicentro de esa producción. Las regalías hidrocarburíferas representan alrededor del 25-30% de los ingresos fiscales provinciales, y el derrame económico sobre Añelo, Neuquén capital y otras localidades fue significativo en empleo indirecto y demanda de servicios. Sin embargo, ese mismo dinamismo aceleró la presión sobre infraestructura, tierra y agua —recursos escasos en la Patagonia árida— y consolidó una estructura de salarios y costos que dificulta la competitividad de sectores no extractivos. La regularización de tierras fiscales que impulsa el gobierno apunta precisamente a resolver uno de los cuellos de botella históricos: la inseguridad jurídica sobre la tenencia que desincentiva la inversión privada en el agro.
El horizonte inmediato plantea interrogantes concretos. El proyecto del canal de Picún Leufú —que regaría tierras entre ese municipio y Piedra del Águila— requiere financiamiento de largo plazo que probablemente involucre fondos nacionales o multilaterales, en un contexto en que el gobierno nacional mantiene restricciones sobre el gasto en obra pública. La acuicultura, señalada por Koenig como caso exitoso con exportaciones de trucha a Estados Unidos y Japón, tiene potencial de escala pero demanda inversiones en frío, logística y habilitaciones sanitarias que el sector privado solo no puede absorber. Y el programa Invierta Neuquén, con sus más de 100 empresas interesadas, deberá traducir esa demanda en radicaciones efectivas: la brecha entre manifestaciones de interés y proyectos ejecutados es, en Argentina, históricamente amplia. Lo que está claro es que Neuquén tiene una ventana de oportunidad mientras la renta de Vaca Muerta sigue fluyendo para financiar esa transición productiva. Aprovecharla o desperdiciarla definirá la economía provincial de las próximas dos décadas.
Puntos clave
- Neuquén irrigará hasta 50.000 nuevas hectáreas en el valle de Picún Leufú, más del doble de las 23.000 actuales, con un canal entre Picún Leufú y Piedra del Águila.
- El programa Invierta Neuquén suma más de 100 empresas interesadas en radicarse, con beneficios impositivos, créditos y acceso a tierras fiscales.
- La bonificación tarifaria eléctrica de hasta el 30% busca reducir costos operativos en riego, empaque, frigoríficos y bodegas para mejorar competitividad del agro.
- La dependencia fiscal de la renta hidrocarburífera supera el 25-30% de los ingresos provinciales, lo que hace urgente diversificar antes de cualquier plateau productivo en Vaca Muerta.
Preguntas del sector
¿Cuál es la viabilidad financiera del canal de Picún Leufú y qué fondos lo respaldan?El proyecto no cuenta aún con financiamiento confirmado. Obras de esta escala —un canal capaz de regar 50.000 hectáreas requiere inversiones que típicamente oscilan entre 200 y 500 millones de dólares según topografía y longitud— demandan esquemas mixtos con participación del Fondo Nacional de Obras Hídricas, créditos del BID o CAF, o estructuras de asociación público-privada. En el contexto actual de ajuste fiscal nacional, la definición de la fuente de financiamiento es el factor crítico antes de evaluar plazos de ejecución.
¿Qué diferencia al programa Invierta Neuquén de iniciativas similares que no lograron escala en otras provincias patagónicas?La diferencia central debería ser la disponibilidad efectiva de tierras fiscales regularizadas y la certeza sobre el suministro eléctrico y de agua, condiciones que provincias como Chubut o Santa Cruz no pudieron garantizar de forma consistente. Neuquén tiene además la ventaja de una infraestructura vial y energética relativamente más desarrollada por el propio boom petrolero. El riesgo es que los beneficios impositivos compitan con los que ofrecen otras provincias sin resolver los costos logísticos de fondo, que en la Patagonia son estructuralmente elevados por distancia a los puertos de exportación.



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