El gigante sudamericano abre consulta pública sobre su Plan Nacional de Transición Energética

El Plante reúne casi 200 iniciativas sectoriales, pero las directrices estratégicas ordenadas por Lula siguen sin definirse.
Energía30/04/2026RedacciónRedacción

El Ministerio de Minas y Energía de Brasil lanzó el 29 de abril la consulta pública del Plan Nacional de Transición Energética (Plante), un documento que articula cerca de 200 iniciativas orientadas a cumplir los objetivos de descarbonización sectorial establecidos en la Política Nacional de Transición Energética (PNTE). El proceso de consulta estará abierto durante 45 días, período en el que organismos del sector, empresas, academia y sociedad civil podrán presentar contribuciones. El plan tiene un horizonte de cuatro años, diseñado para ser revisado y actualizado en función de la coyuntura interna, los avances tecnológicos y el contexto geopolítico.

El Plante toma como punto de partida el Plan Nacional de Energía 2055 (PNE 2055), cuyo escenario de emisiones netas cero proyecta que Brasil podría alcanzar una participación del 81% de fuentes renovables en su matriz energética, con la biomasa como eje central —responsable del 42% de la oferta total—. El documento prioriza áreas como seguridad y eficiencia energética, movilidad de bajas emisiones, reducción de la pobreza energética, y el desarrollo de nuevas tecnologías como el hidrógeno y la captura y almacenamiento de carbono (CCUS). El sistema eléctrico brasileño, con cerca del 90% de generación limpia, ha evidenciado sus límites estructurales, lo que traslada al sector transporte el mayor potencial de renovabilización de la matriz.

En materia de combustibles, el Plante contempla la adopción de un mandato de diésel verde entre 2026 y 2027, y el cumplimiento de la meta de descarbonización del 1% en aviación civil a partir de 2026 mediante combustible sostenible de aviación (SAF). Según el horizonte del PNE 2055, la renovabilidad del transporte podría llegar al 85% en 2055, con los biocombustibles avanzados —diésel verde y SAF— cubriendo hasta el 22% de la demanda sectorial. El plan fue elaborado en el marco de la PNTE, cuyas directrices fueron aprobadas por el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) en 2024, con participación directa del Ministerio de Minas y Energía.

La publicación del Plante se produce en un contexto de tensión institucional: en diciembre de 2025, el presidente Lula instruyó a los ministerios de Minas y Energía, Hacienda, Medio Ambiente y la Casa Civil a presentar las directrices para un «mapa del camino» hacia la reducción de la dependencia de combustibles fósiles, con plazo vencido el 8 de febrero. Casi tres meses después, ese documento aún no fue elevado al CNPE. Fuentes del propio ministerio reconocen que el Plante puede contribuir a esa trayectoria, pero advierten que sin las directrices formales no es posible establecer la relación precisa entre ambos instrumentos. A esto se suma una divergencia de criterios entre el Ministerio de Minas y Energía y el de Medio Ambiente respecto a las premisas para el retiro progresivo de los fósiles. En ambos planes vigentes —el Plante y el Plan Clima 2035—, la apuesta gubernamental se orienta a reducir la intensidad de emisiones de la industria petrolera, sin establecer límites a la producción de petróleo y gas.

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