Compostaje doméstico: cómo transformar residuos orgánicos en abono natural

La Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales difunde una guía práctica para que familias implementen composteras en sus hogares.
Energía25/04/2026RedacciónRedacción

En el marco del mes del compostaje, la Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de la provincia de Neuquén difundió una guía técnica orientada a hogares que buscan reducir la generación de residuos sólidos urbanos mediante el compostaje doméstico. La iniciativa apunta a que cada familia pueda producir abono orgánico a partir de materiales que habitualmente se descartan, contribuyendo simultáneamente a disminuir el volumen de residuos que llega a rellenos sanitarios y basurales.

El compostaje es un proceso de descomposición biológica controlada de materia orgánica que produce humus, un sustrato rico en nutrientes ampliamente utilizado en agricultura, horticultura y jardinería. A escala doméstica, su implementación representa una herramienta concreta de gestión de residuos en origen, alineada con políticas de economía circular que distintas jurisdicciones vienen promoviendo como complemento a los sistemas municipales de recolección diferenciada.

La secretaría detalla tres modalidades de compostera adaptadas a diferentes contextos habitacionales: la fabricada con baldes plásticos superpuestos con perforaciones para ventilación y drenaje del líquido lixiviado; la construida con cajones de madera apilados, que permite una gestión por etapas; y la compostera en pozo, de aproximadamente 50 centímetros de profundidad, indicada para espacios exteriores con terreno disponible. Entre los materiales admitidos figuran restos de frutas y verduras, cáscaras de huevo, yerba, café, té, hojas secas, cartón y papel sin tinta. Quedan excluidos carnes, lácteos, aceites, alimentos cocidos, excrementos de animales domésticos y cualquier material no orgánico. La proporción técnica recomendada es de dos partes de material seco o marrón por cada parte de material húmedo o verde, con aireación cada una o dos semanas para acelerar la descomposición.

El proceso de maduración demanda entre cuatro y seis meses, tras los cuales el material adquiere coloración oscura y olor característico a tierra húmeda, señales que indican que el compost está disponible para su aplicación. Desde el punto de vista regulatorio y ambiental, la masificación de estas prácticas contribuye a reducir la presión sobre la infraestructura de disposición final de residuos, un desafío creciente para los municipios de la región. La promoción institucional de este tipo de iniciativas refleja además un enfoque de educación ambiental orientado a modificar hábitos de consumo y descarte en la escala doméstica, con impacto directo sobre la huella de residuos urbanos.

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