
YPF y el desafío de liderar el no convencional argentino
Redacción

La posición de YPF en el desarrollo de hidrocarburos no convencionales representa hoy uno de los mayores desafíos estructurales de la política energética argentina. A septiembre de 2026, la compañía enfrenta la necesidad de concretar inversiones multimillonarias en Vaca Muerta mientras negocia con el Estado nacional la arquitectura regulatoria y fiscal que hará viable la rentabilidad de sus proyectos. Este escenario no es puramente corporativo: de cómo YPF navegue los próximos 24 a 36 meses dependerá significativamente la capacidad de Argentina para mantener su rol como productor de gas y petróleo de relevancia regional, generar divisas mediante exportación de GNL, y sostener empleo en Neuquén.
YPF es propietaria de aproximadamente el 35% de los derechos sobre bloques en Vaca Muerta, la mayor formación de shale gas y shale oil de América Latina. Desde 2013, cuando la compañía comenzó operaciones sistemáticas en la cuenca, ha invertido cercana a USD 20.000 millones en exploración, perforación y desarrollo. A 2025, YPF producía alrededor de 95.000 barriles equivalentes de petróleo por día en el no convencional, cifra que representaba aproximadamente el 55% de su producción total. Sin embargo, ese ritmo de inversión se desaceleró en 2024 y 2025 debido a factores fiscales y regulatorios. La compañía enfrenta una alícuota de impuesto a la ganancia minería del 17% (en adición al impuesto a las ganancias ordinario del 35%), derechos de exportación variables que llegaron a 8% en 2024, y regalías provinciales que oscilan entre 12% y 15% según el bloque. Estos costos financieros comprimieron márgenes operativos y frenaron decisiones de inversión de capital en nuevos pozos. Durante 2024-2025, YPF redujo su CapEx anual en no convencional a USD 2.800 a 3.200 millones anuales, comparado con los USD 4.200 millones promedio de 2021-2023.
El panorama actual requiere desagregación. YPF opera en tres grandes bloques en Vaca Muerta: Fortuna de Plata (donde es operadora), La Amarga Chica, y participaciones en consorcios en otras áreas. Fortuna de Plata concentra la mayor inversión reciente y genera aproximadamente 55.000 b/d de crudo. La estrategia declarada de la compañía es alcanzar 120.000 b/d de producción en no convencional para 2028, meta que requiere inversión sostenida de USD 3.500 millones anuales. Simultáneamente, YPF desarrolla el proyecto de exportación de GNL en asociación con Pampa Energía y Energia del Sur, aunque ese proyecto enfrenta incertidumbre regulatoria sobre permisos ambientales y financiamiento de infraestructura (gasoducto Vaca Muerta-Bahía Blanca, planta de licuefacción). En el contexto de precios de WTI que oscilaban entre USD 70 y 85 por barril en agosto-septiembre de 2026, la rentabilidad de nuevos pozos en Vaca Muerta permanece marginal sin alivio fiscal. El costo unitario de producción en Vaca Muerta ronda USD 35-42 por barril (upstream únicamente), competitivo globalmente, pero los costos de capital por pozo nuevo (USD 8-12 millones por perforación) y las tributaciones comentadas elevan el break-even económico corporativo a USD 55-65 por barril.

Los desafíos que enfrenta YPF trascienden lo operativo. En el plano regulatorio, la compañía negocia permanentemente con el gobierno nacional, la provincia de Neuquén y con Shell, TotalEnergies, y otros socios. La cuestión fiscal es central: YPF solicita al Estado una estructura tributaria previsible a largo plazo que reduzca incertidumbre. A 2026, existe conversación sobre la posibilidad de un régimen especial de inversión en no convencional similar a los ofrecidos en otros países, que incluya estabilidad tributaria por 10-15 años y posible reducción de la alícuota de ganancia minería. Sin embargo, no hay compromisos legislativos cerrados. En paralelo, regulaciones ambientales en Neuquén—monitoreo de metano, permisos de agua, evaluaciones de impacto—se han vuelto más rigurosas, lo que incrementa plazos de aprobación de nuevos proyectos entre 12 y 18 meses. YPF también enfrenta competencia interna por capital corporativo: la compañía opera refinerías, negocios de downstream, y exploración convencional en otras cuencas. La matriz de decisión de dónde asignar los USD 4.500-5.000 millones anuales de CapEx corporativo total es cada vez más compleja.
Las oportunidades, sin embargo, son substanciales. El mercado global de gas natural permanece dinámico, con precios Henry Hub oscilando entre USD 2,50 y 3,80 por MMBtu en 2026, y demanda de GNL proyectada a crecer 3-4% anual hasta 2035. Argentina podría capturar mercados en Asia y Europa si la infraestructura de exportación se concreta. YPF, como productor integrado, tiene ventaja competitiva para financiar y operar proyectos de escala (200-400 MMpcd de gas). Internamente, la producción de petróleo en Vaca Muerta cubre déficit de supply doméstico y reduce necesidad de importación (en 2025, Argentina importaba aproximadamente 50.000 b/d). La consolidación de YPF como operador en no convencional también fortalece su rol estratégico en discusiones sobre soberanía energética. A mediano plazo (2028-2032), si se resuelven obstáculos fiscales e infraestructurales, YPF podría alcanzar 150.000-170.000 b/d en no convencional, posicionando a Argentina en el tercer productor de shale gas después de EE.UU. y China. Esto generaría exportaciones por USD 8.000-12.000 millones anuales, dependiendo de precios. Las decisiones sobre tributación y regulación que se tomen en los próximos 12 meses serán determinantes para la viabilidad de ese escenario.




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