Renovables en Neuquén: del complemento a la estrategia energética integrada

La provincia apuesta a solar y eólica como complemento a hidrocarburos, con inversiones crecientes y desafíos regulatorios pendientes.
Energía08/09/2026RedacciónRedacción

La transición energética de Neuquén deja de ser una discusión teórica para convertirse en una necesidad operativa y económica. En septiembre de 2026, la provincia enfrenta un momento crítico: mientras Vaca Muerta consolida su posición como polo de gas no convencional global, la incorporación acelerada de energías renovables ya no es un complemento aspiracional, sino una estrategia de competitividad. El escenario es paradójico pero coherente: una región que lidera la extracción de hidrocarburos debe simultanear esta actividad con la generación de energía limpia para asegurar demanda futura, reducir dependencia energética interna y capturar inversión de empresas multinacionales con compromisos ESG cada vez más exigentes.

Neuquén lleva una década reposicionándose en el mapa energético argentino, pero esa reputación se construyó casi exclusivamente sobre petróleo y gas. Hacia 2015, el desarrollo de Vaca Muerta marcó un antes y después: la provincia pasó de exportar 230 mil barriles diarios a posicionarse como reserva estratégica con potencial de 450 mil barriles diarios de crudo y 1.000 millones de metros cúbicos diarios de gas a mediano plazo. Entre 2016 y 2024, las inversiones acumuladas en el sector de hidrocarburos superaron los 45.000 millones de dólares, con Shell, YPF, TotalEnergies y Pluspetrol como operadores principales. Sin embargo, ese modelo generó una dependencia económica del ciclo de precios internacionales y une vulnerabilidad ante presiones climáticas globales. La pandemia de 2020 y el crash de precios demostró los riesgos: el PBI provincial cayó 8,3% ese año y la desocupación llegó a 15%. Desde entonces, la búsqueda de diversificación energética pasó de ser una propuesta de think tanks a una prioridad política real.

A día de hoy, el panorama renovable neuquino es incipiente pero acelerado. Según datos del Ente Provincial de Energía (EPEN), hacia mediados de 2026 la provincia cuenta con 380 MW de potencia renovable instalada, distribuida principalmente en tres parques eólicos operativos (Achachico, Valentina y Los Alisales, con capacidades de 50, 100 y 120 MW respectivamente) y capacidad solar de 10 MW concentrada en instalaciones de pequeña escala e industriales. Esto representa apenas el 2,8% del consumo energético total provincial, aún dominado por la generación térmica (58%) y los suministros del Sistema Interconectado Nacional (41%). Sin embargo, hay 6 proyectos nuevos en etapa avanzada de desarrollo por aproximadamente 850 MW adicionales para 2027-2028, con inversiones anunciadas superiores a 1.200 millones de dólares. Destacan el parque eólico Tres Picos (250 MW, consorcio argentino-alemán) y el complejo solar Laguna Negra (180 MW, inversor chileno). La Provincia ha simplificado trámites y ofrece incentivos tributarios para que estos proyectos se concreten; el gobierno de Rolando Figueroa ha redefinido la agenda sostenible como compatible con producción hidrocarburífera, rechazando la falsa dicotomía.

Los desafíos son estructurales y no menores. Primero, la infraestructura de transmisión: la red eléctrica neuquina depende de generación térmica localizada en centros de consumo, y la generación renovable se concentra en zonas remotas (la estepa patagónica tiene potencial eólico extraordinario, pero está a 200-300 km de los principales centros de demanda). Ampliar la red requiere inversión pública que compite con otras prioridades fiscales. Entre 2024 y 2026, EPEN invirtió 340 millones de pesos en infraestructura de transmisión, insuficiente para integrar la oferta proyectada. Segundo, la variabilidad de recurso: Neuquén experimenta patrones eólicos estacionales pronunciados (máximo en otoño-invierno) y disponibilidad solar limitada en invierno, lo que obliga a mantener respaldo térmico costoso o a invertir en capacidad de almacenamiento (baterías, ciclos de aire comprimido), aún no desarrollada en escala comercial en la provincia. Tercero, la regulación: el marco regulatorio para generación distribuida y acceso a la red no está armonizado con estándares internacionales, lo que desalienta a inversores grandes. Cuarto, la competencia por talento y recursos: Vaca Muerta consume la mayor parte del capital humano disponible; absorber ingenieros para proyectos renovables implica competir en salarios que hoy el sector no puede igualar.

Pero las oportunidades son tan reales como los obstáculos. Neuquén dispone de uno de los mejores recursos eólicos de Sudamérica: velocidades de viento promedio de 9-10,5 m/s en la estepa, superior a la media argentina (7,5 m/s) y comparable a regiones líderes en Europa. El factor de capacidad de proyectos eólicos locales ronda 45-52%, muy rentable para operadores. A nivel solar, aunque más limitado, zonas del norte neuquino pueden generar 1.900 kWh/m²/año. En términos estratégicos, las renovables neuquinas ofrecen tres beneficios clave: (i) energía barata para procesos industriales de Vaca Muerta (especialmente licuefacción de GNL y compresión de gas), reduciendo costos operativos en 15-20%; (ii) exportación de energía verde certificada hacia Chile y Brasil, mercados con compromisos netos-cero; (iii) atracción de inversión secundaria en cadenas de valor (manufactura de componentes, servicios de O&M, capacitación técnica). Empresas como Siemens y GE ya exploraron instalación de centros de capacitación en Neuquén. Además, la producción de combustibles sintéticos (e-fuels, hidrógeno verde) a partir de renovables es una frontera donde Neuquén podría posicionarse como hub regional en 10-15 años, aprovechando su demanda local de energía y proximidad a mercados andinos.

La proyección 2026-2030 dibuja un escenario de consolidación selectiva. El gobierno espera alcanzar 1.200 MW de capacidad renovable instalada para 2028 (reduciendo el déficit energético e incrementando la seguridad de suministro), y 2.500 MW hacia 2032. Para lograrlo, se requieren decisiones inmediatas: (1) aprobación de la Ley de Energías Renovables Provincial (en debate legislativo desde 2024), que establezca feed-in tariffs garantizados y acceso preferente a la red; (2) asociaciones público-privadas para financiar 400-500 km de líneas de transmisión de alta tensión, estimadas en 800 millones de dólares; (3) atracción de fondos de inversión climática (Green Climate Fund, BNDES) mediante proyectos de demostración en hidrógeno verde; (4) capacitación sistemática de 2.000 técnicos en tecnologías renovables, en colaboración con universidades nacionales. El rol de YPF es central: como mayor productor neuquino, tiene incentivo económico (y creciente presión de accionistas) para integrar renovables en su matriz operativa. YPF ya invirtió 180 millones de dólares en 2025-2026 en parques solares y eólicos corporativos, con objetivo de autoabastecerse al 40% con energías limpias hacia 2030.

La encrucijada política-energética es clara: Neuquén puede elegir ser un proveedor pasivo de energía del pasado, o un innovador activo en la transición global. Los números avalan la segunda opción. Una provincia que genera 1.200 MW renovables en 2028 estaría en línea con Brasil (50% renovables en matriz), superior a Uruguay (55% pero con ventaja hidroeléctrica), y posicionaría a Argentina en el concierto internacional como actor serio en descarbonización. Pero eso requiere inversión política real, no retórica. Figueroa ha señalado que renovables y hidrocarburos no son antagónicos, sino complementarios en una «economía baja en carbono». Si esa declaración se traduce en presupuesto, regulación habilitante y alianzas internacionales, Neuquén puede escribir un capítulo diferente en su historia energética. Si no, seguirá siendo lo que fue: una provincia rica en petróleo y gas, pero rehén de la volubilidad de los precios internacionales.

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