Coatz: monetizar Vaca Muerta para que Neuquén quede bien parada cuando el recurso se agote

El secretario del Interior defendió el modelo de desarrollo territorial del gobierno de Figueroa con eje en la desconcentración del crecimiento.
Política y Regulación27/05/2026RedacciónRedacción

El secretario del Interior de Neuquén, Gustavo Coatz, ratificó la estrategia de la gestión de Rolando Figueroa de distribuir los ingresos derivados de Vaca Muerta hacia regiones históricamente postergadas de la provincia, con inversiones en infraestructura, conectividad y desarrollo local que buscan reducir la dependencia futura del sector hidrocarburífero. La declaración sintetiza uno de los dilemas estructurales de la economía neuquina: cómo convertir una renta no renovable en capital productivo duradero.

Neuquén genera aproximadamente el 35% del gas y más del 20% del petróleo que produce Argentina, con Vaca Muerta como el activo estratégico central. Esa concentración productiva —y fiscal— convierte a la provincia en un caso excepcional dentro del federalismo argentino: sus regalías hidrocarburíferas representan en torno al 30-35% de los ingresos provinciales totales, aunque la cifra fluctúa según el precio del barril y el tipo de cambio. El desafío de diversificar antes de que el recurso decline no es nuevo, pero la actual administración lo ha incorporado como discurso político explícito con mayor sistematicidad que gestiones anteriores.

En términos concretos, la producción de petróleo no convencional de Vaca Muerta superó los 280.000 barriles diarios a comienzos de 2026, mientras que el gas no convencional ronda los 90 millones de metros cúbicos por día, cifras que ubican a la cuenca como la segunda reserva de shale gas del mundo y la cuarta de shale oil. Esa producción sostiene una masa de regalías que, al precio actual del crudo Medanito —en torno a los 68-70 dólares por barril en el mercado doméstico regulado—, genera ingresos fiscales provinciales del orden de los 600-700 millones de dólares anuales, aunque el valor exacto depende de las actualizaciones periódicas del precio de referencia que fija la Secretaría de Energía de la Nación. El gobierno neuquino destina parte de ese flujo a obras en localidades del norte provincial —zona de menor densidad poblacional y menor actividad económica privada— que históricamente quedaron al margen del derrame petrolero.

El impacto territorial del modelo que describe Coatz se expresa en la brecha entre el corredor petrolero del centro-sur provincial —Neuquén capital, Cutral-Co, Plaza Huincul, Añelo— y las comunidades de la región norte y cordillerana. Añelo, epicentro del upstream no convencional, concentra inversiones que superaron los 5.000 millones de dólares anuales en los últimos años, mientras que municipios del norte neuquino apenas acceden a obras básicas de infraestructura. La apuesta del gobierno de Figueroa por el corredor bioceánico a través del paso Pichachén —que conecta con la región chilena del Biobío— y el fortalecimiento de consejos regionales de turismo apunta a construir una segunda economía provincial basada en logística, turismo y producción local que opere con independencia del ciclo petrolero. El corredor Pichachén, aunque con obras en etapas, podría convertirse en una vía de exportación complementaria al paso Cardenal Samoré para la producción agroindustrial y mineral del centro-oeste neuquino.

Lo que queda por definir es la velocidad y la escala de esa transformación. Los ciclos de inversión en Vaca Muerta dependen de variables externas —precio internacional del crudo, acceso a financiamiento, marco regulatorio nacional— que el gobierno provincial no controla. Si el precio del barril cayera por debajo de los 50 dólares de manera sostenida, la contracción fiscal reduciría la capacidad de inversión redistributiva que el modelo de Figueroa necesita para ser creíble. Por otro lado, la llegada del gasoducto Presidente Néstor Kirchner a plena capacidad —con posibilidad de exportación a Brasil vía Bolivia o en GNL— podría ampliar significativamente la renta gasífera disponible para la provincia en el mediano plazo. Las decisiones pendientes incluyen la actualización del esquema de regalías —actualmente negociada entre provincias y Nación—, el avance del proyecto de licuefacción de GNL en el litoral atlántico y la consolidación del marco de inversiones para el desarrollo minero en el norte neuquino, que podría complementar al sector hidrocarburífero como segunda fuente de renta no renovable.

Puntos clave

  • Neuquén recibe entre 600 y 700 millones de dólares anuales en regalías hidrocarburíferas, recurso que el gobierno provincial busca convertir en infraestructura productiva permanente antes del declive del ciclo no convencional.
  • La estrategia de regionalización incluye el corredor bioceánico por el paso Pichachén como eje de diversificación económica hacia logística y turismo, desacoplado del ciclo petrolero.
  • La demanda social creciente en localidades históricamente postergadas refleja un cambio de expectativas que el gobierno de Figueroa atribuye al aumento de la presencia territorial del Estado provincial.
  • El modelo enfrenta una restricción estructural: su viabilidad fiscal depende del precio internacional del crudo y del gas, variables que Neuquén no puede controlar.

Preguntas del sector

¿Qué porcentaje de los ingresos por regalías se destina efectivamente a inversión en regiones no petroleras de Neuquén?

El gobierno provincial no publica una desagregación territorial del gasto de capital financiado con regalías. El presupuesto 2026 asigna fondos a obras en el norte neuquino y zonas cordilleranas, pero la proporción exacta respecto del total de regalías percibidas no está discriminada en los documentos presupuestarios públicos disponibles. La discusión sobre esa transparencia es una demanda recurrente de organismos técnicos como el COPADE.

¿En qué horizonte temporal el corredor bioceánico por Pichachén podría generar actividad económica relevante para compensar una eventual caída de la renta hidrocarburífera?

Los estudios de factibilidad del corredor Pichachén estiman que una habilitación plena del paso —con obras viales en territorio argentino y chileno— requiere entre 5 y 8 años adicionales de inversión. El volumen de carga transitable sería inicialmente marginal frente a los flujos del corredor central, por lo que su impacto fiscal compensatorio en un escenario de contracción petrolera sería limitado en el corto y mediano plazo; su valor estratégico es de largo plazo.

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