
Minería estratégica en Neuquén: la carrera por litio y cobre en la Patagonia
Redacción

La minería estratégica en Neuquén ha dejado de ser una posibilidad teórica para convertirse en una prioridad política y económica concreta. A diferencia del petróleo y el gas natural que dominan la economía provincial desde hace décadas, la explotación de litio, cobre y otros recursos del subsuelo patagónico representa una oportunidad de diversificación productiva que el gobierno neuquino y los operadores privados comienzan a materializar con inversiones significativas. En un contexto donde Argentina necesita divisas, Neuquén requiere nuevas fuentes de empleo en el mediano plazo, y la transición energética global demanda baterías, cables de alta tensión y tecnologías limpias, la minería estratégica se perfila como un pilar complementario a los hidrocarburos tradicionales.
Neuquén es uno de los territorios argentinos con mayores reservas de litio fuera de la zona del Triángulo de Litio (Jujuy, Salta y Catamarca). Los primeros relevamientos geológicos serios datan de mediados de los años 2000, pero fue recién a partir de 2015—con el auge global del litio impulsado por la movilidad eléctrica—que las empresas mineras comenzaron a explorar sistemáticamente depósitos en el noreste provincial, particularmente en los departamentos de Minas y Chos Malal. Se estima que las reservas identificadas de litio en Neuquén superan los 150.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), aunque algunos estudios preliminares sugieren que el potencial podría ser mayor. En cobre, los yacimientos neuquinos integran fajas mineralizadas que se extienden desde la cordillera hacia el este, con depósitos que alcanzan leyes de 0,6% a 1,2% de cobre, comparables a proyectos en etapa de desarrollo en Chile y Perú. A nivel nacional, Neuquén concentra aproximadamente el 8% de las reservas de litio identificadas en Argentina, una participación menor que Catamarca (45%) o Jujuy (32%), pero estratégicamente importante por su proximidad a infraestructura energética existente y por la posibilidad de integración con la cadena de valor de hidrocarburos.
Hoy, el panorama operativo incluye varios actores de escala. La empresa privada Maxxam Energy está desarrollando el proyecto Laguna Salada de Oeste (LSO) en Minas, con inversión estimada en 80 millones de dólares para una primera fase de producción de 5.000 toneladas anuales de carbonato de litio. El cronograma de Maxxam contempla inicio de operaciones en 2027, con proyección de alcanzar 15.000 toneladas anuales en fase 2. En paralelo, la minera Genie Energy, con respaldo de capitales internacionales, explora yacimientos de cobre y molibdeno en la zona cordillerana, con estudios de factibilidad en curso que buscan definir la viabilidad económica de un proyecto con inversión superior a 500 millones de dólares. A menor escala, empresas junior como Andes Litio y otros operadores medianos avanzan con permisos de exploración en cuencas menores. El Estado provincial, mediante la Secretaría de Energía Minería e Industria de Neuquén, ha otorgado aproximadamente 25 títulos de exploración minera en los últimos tres años, demostrando una política de apertura regulatoria hacia el sector. La producción actual de litio en Neuquén es todavía marginal—menos de 1.000 toneladas anuales—pero la proyección para 2028 alcanzaría 20.000 toneladas si los proyectos avanzan según cronograma, lo que posicionaría a la provincia como operador relevante en la cadena sudamericana de litio.
Los desafíos que enfrenta la minería estratégica neuquina son múltiples y complejos. Primero, el ambiental: la explotación de litio en salares y depósitos de agua fósil requiere extracción de salmuera, que demanda millones de litros de agua anuales. En una región árida donde el agua es escasa y donde la ganadería caprina y la agricultura dependiente de acuíferos resultan vulnerables, la competencia por recurso hídrico genera conflictividad con comunidades locales y ambientalistas. El municipio de Chos Malal ya enfrenta cuestionamientos públicos sobre proyectos licenciados. Segundo, la infraestructura: aunque Neuquén cuenta con carreteras, energía y conectividad mejor que provincias mineras históricas, la logística para evacuar mineral requiere mejoras en rutas hacia Chile o Argentina central, y las plantas de procesamiento de litio son intensivas en energía, lo que demanda negociaciones sobre suministro eléctrico. Tercero, regulación y tributación: Argentina aún no tiene un régimen minero unificado post-reforma fiscal de 2024. Las regalías mineras están en debate en el Congreso, con propuestas que van desde 3% hasta 8% dependiendo del recurso. La incertidumbre tributaria desalienta inversión de largo plazo. Cuarto, capacitación laboral: la minería demanda trabajadores especializados, y Neuquén carece de programas técnicos de escala; la formación requiere inversión pública coordinada. Finalmente, la volatilidad de precios: el litio cotiza en 12-15 dólares por kilogramo (2026), una fracción de los picos de 2022 (60+ dólares), lo que presiona márgenes y puede frenar decisiones de expansión.
Mirando adelante, la minería estratégica en Neuquén se juega en tres escenarios. En el optimista, los proyectos de Maxxam y Genie avanzan sin demoras, inversión extranjera se consolida, el Gobierno nacional define regalías competitivas (en línea con Chile: 5% base), y Neuquén suma 8.000-12.000 empleos directos e indirectos para 2030. La provincia diversifica ingresos fiscales: hoy depende 75% de regalías petroleras; con minería, esa dependencia baja a 60%, reduciendo riesgo ante caídas de precios de crudo. En el escenario medio, avanzan dos o tres proyectos medianos, la producción alcanza 12.000 toneladas anuales de litio, pero conflictos ambientales ralentizan expansiones y los precios del litio se estabilizan en 10-13 dólares/kg, limitando rentabilidad. En el pesimista, litigios por agua, regulación desfavorable y presión ambiental detienen proyectos clave; la minería representa menos de 2% del PBG provincial en 2030, y Neuquén permanece cautivo del ciclo de hidrocarburos. Hoy, la balanza se inclina hacia el escenario medio: hay financiamiento, operadores competentes y demanda global, pero la gobernanza de conflictos ambientales y la definición tributaria son críticas. El gobernador Rolando Figueroa ha señalado que minería y energía conviven bajo criterios de sustentabilidad, pero esa declaración requiere instrumentos: auditorías ambientales independientes, ordenamiento territorial con restricciones claras, y fondos de remediación. La inversión privada está a la espera de estas señales institucionales.



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