
La guerra en Medio Oriente reabre el riesgo de un shock energético global
Redacción
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a colocar al mercado energético global en un escenario de alta volatilidad. El foco está en el Golfo Pérsico y, especialmente, en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del sistema energético mundial. Por ese corredor circula cerca del 20% del petróleo global y una parte sustancial del gas natural licuado exportado desde Qatar, por lo que cualquier interrupción en el tránsito marítimo tiene efectos inmediatos sobre precios y expectativas del mercado.
En ese contexto, el precio del petróleo Brent superó los 90 dólares por barril, registrando una de las mayores subas semanales en varios años. La reacción refleja el aumento de la prima de riesgo geopolítico que incorporan los mercados cuando se pone en duda la continuidad del suministro desde el Golfo. Las tensiones también impactan en los costos de transporte y seguros marítimos, elevando el costo final de la energía incluso antes de que se produzcan interrupciones efectivas en el flujo de crudo.
El repunte del petróleo vuelve a colocar a la energía en el centro de la agenda macroeconómica global. Históricamente, los shocks petroleros han sido uno de los principales desencadenantes de episodios inflacionarios. Según estimaciones del FMI, un incremento sostenido del 10% en el precio del crudo puede agregar alrededor de 0,4 puntos porcentuales a la inflación global, lo que complica el proceso de desinflación que intentan consolidar los principales bancos centrales tras el ciclo de subas de tasas de los últimos años.

En este escenario, el sistema energético internacional vuelve a evidenciar su sensibilidad a los riesgos geopolíticos. Para los países exportadores de hidrocarburos, el nuevo contexto implica mayores ingresos potenciales y oportunidades de inversión. Para los importadores, en cambio, significa mayores costos energéticos y presión sobre la balanza comercial. En paralelo, la volatilidad del petróleo vuelve a reforzar el argumento estratégico de diversificar matrices energéticas y acelerar inversiones en fuentes alternativas que reduzcan la exposición a shocks de oferta en el mercado global.



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