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La ofensiva de Washington en Caracas reordena el tablero energético global y plantea riesgos y oportunidades para el crudo no convencional argentino.


La expansión acelerada de terminales de GNL genera un desbalance estructural que presiona precios y redefine estrategias para exportadores como Argentina.
Economía y Mercados09/01/2026
Redacción

El mercado global de gas natural licuado (GNL) enfrenta un giro crítico: tras años de expansión impulsada por la crisis energética europea y la búsqueda de seguridad energética post-2022, comienza a evidenciarse una sobreoferta estructural. Según datos recientes de Energi Media, la capacidad de licuefacción proyectada para 2030 —especialmente en Estados Unidos, Qatar y Australia— superará con creces la demanda prevista, provocando un “hundimiento” de márgenes comerciales para nuevos actores.

El fenómeno se explica por una carrera inversora que subestimó la velocidad de adaptación de los consumidores. Europa, que había sido el principal motor de la demanda tras la guerra en Ucrania, está acelerando su transición energética con renovables, eficiencia y electrificación, mientras que mercados emergentes como India o el sudeste asiático presentan cuellos de infraestructura o precios internos subsidiados que dificultan la absorción de grandes volúmenes. El resultado: exceso de capacidad ociosa, especialmente en terminales flotantes y nuevos proyectos de licuefacción.
Este nuevo mapa de precios deprimidos y contratos menos favorables plantea desafíos estratégicos para Argentina, que busca posicionar el GNL como vector de desarrollo exportador desde Vaca Muerta. La ventana de oportunidad para concretar inversiones en plantas de licuefacción en Bahía Blanca o Río Negro podría cerrarse si no se logra asegurar contratos de largo plazo antes de que el mercado entre en una etapa de madurez y competencia feroz por compradores.
En este contexto, la apuesta argentina por el GNL requiere ajustes: definir una estrategia clara entre YPF y socios privados, priorizar acuerdos con países deficitarios de la región (como Brasil o Chile), y avanzar en marcos regulatorios y fiscales que hagan competitivos los proyectos frente a rivales consolidados. El riesgo no es menor: sin decisiones firmes en 2026, la sobreoferta global podría dejar a Argentina fuera del juego antes de haber entrado plenamente.

La ofensiva de Washington en Caracas reordena el tablero energético global y plantea riesgos y oportunidades para el crudo no convencional argentino.

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