Cierre de Ormuz amenaza oferta global de urea y tensiona energía

La crisis en Medio Oriente impacta fertilizantes, GNL y petroquímica en plena temporada agrícola del hemisferio norte.
Energía24/03/2026RedacciónRedacción

El cierre del Estrecho de Ormuz, en el marco de la escalada del conflicto en Medio Oriente, comienza a trasladarse a cadenas productivas críticas. Durante su participación en CERAWeek 2026 en Houston, el CEO de Kuwait Petroleum Corporation (KPC), Nawaf Saud Al Sabah, advirtió sobre una inminente escasez de urea en distintos mercados por las restricciones en la exportación de gas natural, insumo clave para la producción de fertilizantes nitrogenados.

El ejecutivo subrayó que el impacto coincide con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que amplifica el riesgo sobre la producción global de alimentos. La urea es el fertilizante más utilizado a nivel mundial y su disponibilidad condiciona rendimientos agrícolas y precios internacionales de granos. En paralelo, la disrupción también afecta a la petroquímica, particularmente por las dificultades logísticas para exportar nafta desde la región del Golfo.

El Estrecho de Ormuz concentra un nodo crítico del sistema energético global: por allí transita aproximadamente el 83% del consumo asiático de gas natural licuado (GNL). Kuwait, miembro de la OPEP, además es un proveedor clave de combustibles refinados, siendo el principal exportador de jet fuel hacia Europa y el segundo en diesel. En este contexto, KPC declaró fuerza mayor en contratos y redujo su producción a comienzos de marzo, priorizando el abastecimiento interno y la operación de sus refinerías.

Desde una perspectiva estratégica, la crisis expone la vulnerabilidad estructural de las rutas marítimas energéticas y refuerza la necesidad de diversificación logística y mayores capacidades de almacenamiento fuera del Golfo Pérsico. Sin embargo, el propio Al Sabah advirtió que estas soluciones son parciales frente a la centralidad del estrecho. La eventual prolongación del conflicto podría traducirse en un shock combinado: presión alcista sobre precios energéticos, encarecimiento de fertilizantes y un nuevo impulso inflacionario global vía alimentos y combustibles.

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