
La crisis en Medio Oriente dispara petróleo y gas y reconfigura el mercado energético global
Redacción
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán desencadenó una nueva crisis energética global que impacta directamente en los mercados de petróleo y gas. Tras los ataques iniciados a fines de febrero y las posteriores represalias iraníes, el mercado reaccionó con fuertes subas en los precios del crudo y del gas natural, ante el riesgo de interrupciones en una de las regiones más sensibles para el suministro energético mundial.
El foco de la preocupación está en el estrecho de Ormuz, corredor por el que circula cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo y una parte relevante del comercio global de gas natural licuado (LNG). Los ataques a infraestructuras energéticas y las amenazas al tránsito de petroleros provocaron una caída abrupta del tráfico marítimo y obligaron a múltiples navieras y operadores energéticos a suspender operaciones o redirigir rutas.
En este contexto, el precio del Brent —referencia internacional— superó los US$80 por barril tras registrar subas de hasta 10-13% en los primeros días de la crisis. Las cotizaciones se mantienen volátiles: si bien algunos indicios de negociaciones entre Washington y Teherán moderaron parcialmente el rally, el mercado sigue incorporando una prima de riesgo geopolítico significativa.

El impacto también se trasladó al mercado del gas. Los precios del LNG en Europa y Asia registraron fuertes subas luego de ataques a instalaciones energéticas en el Golfo y suspensiones temporales de exportaciones, lo que reavivó temores sobre la seguridad energética global. Analistas advierten que, si las interrupciones en la región se prolongan o el estrecho de Ormuz se bloquea parcialmente, el Brent podría superar los US$90 o incluso acercarse a los US$100 por barril, con efectos directos sobre inflación global, costos industriales y política monetaria.






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