
La desaceleración en Vaca Muerta pone en jaque la estrategia exportadora del gobierno
Redacción
La actividad petrolera en Vaca Muerta muestra señales de desaceleración, en un momento clave para la estrategia del gobierno de Javier Milei, que apuesta a las exportaciones energéticas como uno de los pilares para revertir el desequilibrio externo. Según datos del mercado, la perforación de nuevos pozos en la formación cayó un 15% interanual en septiembre, mientras que las fracturas hidráulicas, indicador adelantado de producción, se retrajeron un 10% respecto de agosto.
Los motivos detrás de esta baja incluyen la caída del precio internacional del crudo —el Brent se mantiene por debajo de los 85 dólares—, mayores costos operativos en dólares y restricciones financieras internas, que limitan la capacidad de inversión de las empresas. Además, la persistencia de regulaciones cambiarias y la falta de reglas claras para la repatriación de utilidades generan cautela entre los operadores.
Este escenario contrasta con el impulso que venía mostrando Vaca Muerta hasta mediados de 2024, cuando el shale oil de Neuquén explicaba más del 64% del total de la producción nacional de crudo. La desaceleración podría comprometer el ingreso de divisas por exportaciones en 2025, justo cuando el gobierno espera consolidar el superávit comercial y reducir la dependencia del financiamiento monetario.

La menor dinámica también pone presión sobre los planes de infraestructura de evacuación, como el oleoducto Vaca Muerta Sur, cuya expansión depende del crecimiento sostenido de la producción. En este contexto, la sostenibilidad del “shock exportador” que propone Milei aparece cada vez más supeditada a condiciones macro y regulatorias que aún no logran estabilizarse.



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