
Energías renovables en Neuquén: el complemento al modelo hidrocarburo
Redacción

La provincia de Neuquén enfrenta un dilema estratégico en 2026 que define su futuro energético: cómo construir una matriz diversificada sin comprometer el liderazgo en hidrocarburos no convencionales que genera recursos fiscales, empleo y divisas. Las energías renovables dejan de ser una aspiración climática global para convertirse en una necesidad económica provincial. El gas y el petróleo seguirán siendo centrales en la próxima década, pero la incorporación acelerada de solar y eólico no es un lujo, sino un imperativo que responde a múltiples presiones: la demanda creciente de energía dentro de la provincia, los costos operacionales en Vaca Muerta, la necesidad de reducir emisiones de carbono en la cadena de valor del gas natural licuado (GNL), y la competitividad internacional del producto exportado. Sin este complemento renovable, Neuquén perderá oportunidades de inversión, capacidad exportadora y relevancia en un mercado global que condiciona cada vez más el acceso a mercados según criterios de descarbonización.
La historia reciente de las renovables en Neuquén es acelerada pero aún frágil. Hasta 2020, la provincia generaba prácticamente toda su energía de fuentes convencionales: hidroeléctricas del complejo Alicurá-Piedra del Águila (que aportan aproximadamente 4.500 MW de capacidad instalada), termoelécricas a gas, y el complejo industrial de Vaca Muerta. El porcentaje de energía renovable en la matriz provincial rondaba el 25-30%, casi enteramente de origen hidráulico. A partir de 2021, con la sanción de la Ley Nacional de Energías Renovables (que ofrecía esquemas de contratación mediante subasta pública) y la adhesión de Neuquén a esos marcos, comenzó el giro. Entre 2021 y 2025, la provincia sumó aproximadamente 800 MW en proyectos de energía solar fotovoltaica y eólica adjudicados o en construcción, cifra que más que duplica la capacidad previa en renovables no hidráulicas. Inversiones privadas por encima de los 1.200 millones de dólares fueron comprometidas en esos cinco años. El parque eólico Loma Blanca Sur, operado por Genneia, suma 202 MW desde 2024. El complejo solar Guañacos, adjudicado a Genneia y en construcción en Añelo, aportará 227 MW cuando entre en operación en 2027. Otros proyectos menores de empresas como Cresud y actores locales completan un portafolio que, aunque incipiente, marca un punto de inflexión.
El estado actual revela un sector heterogéneo pero dinámico. A octubre de 2026, Neuquén tiene operativas aproximadamente 1.100 MW de capacidad en energías renovables no hidráulicas, de las cuales 700 MW corresponden a eólica y 400 MW a solar fotovoltaica. La demanda de energía en la provincia crece a razón de 3-4% anual, impulsada por el sector de hidrocarburos, minería menor, y consumo urbano; actualmente ronda los 3.500 MW pico en invierno. Los actores clave son: Genneia (líder en inversión renovable, con presencia en eólica y solar), YPF (que mediante YPF Luz ha iniciado inversiones en solar para autoconsumo en sus operaciones), Shell (con proyectos piloto de eólica en el norte provincial), TotalEnergies (explorando esquemas de energía renovable en sus predios de Vaca Muerta), y gobiernos locales como el municipio de Añelo, que ha promovido activamente parques solares. El financiamiento ha provenido de banca multilateral (CAF, BID), fondos de inversión verde y, crecientemente, de entidades financieras locales y nacionales que ven en las renovables un destino seguro. El régimen fiscal provincial otorga exenciones impositivas parciales para proyectos renovables que cumplan ciertos umbrales de inversión local, aunque con menos agresividad que en el pasado con hidrocarburos.

Los desafíos son múltiples y no menores. Primero, la intermitencia: la generación solar concentrada en horas de máxima radiación (10-16 horas) y la eólica dependiente de patrones estacionales demandan sistemas de almacenamiento que Neuquén aún no desarrolla a escala. Una batería de iones de litio de 50 MW/200 MWh en construcción en Las Lajas, contratada por Cammesa y Genneia, será el primer paso, pero insuficiente si la penetración de renovables alcanza el 40% de la matriz en 2030, como proyectan algunos escenarios. Segundo, la integración con la red: el Sistema Interconectado Nacional (SIN) aún no está preparado para absorber la volatilidad de grandes volúmenes de generación renovable distribuida desde una provincia alejada del centro de consumo. Invertir en líneas de transmisión de 500 kV hacia Buenos Aires y Rosario requiere entre 500 y 800 millones de dólares, un costo que debe prorratearse entre generadores y el Estado. Tercero, la competencia interna: si las renovables generan energía muy barata, pueden afectar los márgenes de operación térmica del sistema, lo que desalienta inversión en generación flexible necesaria para respaldar la intermitencia. Cuarto, la tensión política: sectores ligados a la generación térmica (en Neuquén hay plantas a gas de Centrales Nucleares Argentinas en Cinco Saltos y privadas) ven las renovables como amenaza, y ejercen presión sobre decisiones de despacho y políticas de contratación.
Las oportunidades, sin embargo, superan los obstáculos si se actúa con coherencia. Una matriz híbrida hidrocarburo-renovable posiciona a Neuquén como productor de energía genuinamente competitiva en el mercado global. El GNL exportado desde instalaciones como las de YPF o futuros proyectos puede cumplir con requerimientos de intensidad de carbono bajísima si la energía del proceso proviene de solar y eólica certificadas. Esto es crítico: compradores en Europa y Asia demandan cada vez más GNL con huella de carbono auditable. Neuquén, si logra abaratar la producción mediante energía renovable integrada, captura una prima de precio o resuelve contratos de largo plazo más fácilmente. Segundo, la energía renovable barata abre puerta a nuevas industrias de valor agregado: producción de amoníaco verde (para fertilizantes), combustibles sintéticos, o litio (si se explota la salmuera del norte provincial, como especulan varios actores). Tercero, diversificar la matriz reduce el riesgo fiscal de la provincia: si los precios del gas caen (como sucedió en 2020-2021), tener ingresos de múltiples fuentes estabiliza presupuestos y da margen de maniobra a gobiernos. Cuarto, el empleo: la construcción y operación de renovables absorbe menos mano de obra que la operación de pozos de shale, pero en fases de montaje genera demanda de especialistas en ingeniería eléctrica, logística y control, y retiene ingresos fiscales que el Estado puede reinvertir en educación y servicios.
La perspectiva hacia 2030-2035 depende de decisiones inmediatas. El gobierno de Neuquén, bajo Rolando Figueroa, ha comunicado una meta de 50% de generación renovable en la matriz provincial para 2030, aunque sin detalles sobre financiamiento e infraestructura. Esto requeriría sumar entre 1.500 y 2.000 MW adicionales de solar y eólica en los próximos cuatro años, cifra que dobla el ritmo actual de inversión. Para alcanzarlo, se necesitan: (1) un marco regulatorio predecible que incentive inversión privada mediante subastas anuales con contratos de 15-20 años y garantías de compra a precios indexados; (2) fortalecimiento de las capacidades del Estado provincial para revisar y aprobar proyectos sin dilatar procesos más de 18 meses; (3) inversión pública en transmisión eléctrica regional, probablemente coordinada con la Nación mediante fondos de inversión verde y cooperación con provincias vecinas; (4) desarrollo de tecnología de almacenamiento local, ya sea baterías, aire comprimido en cavernas salinas del norte provincial, o hidrógeno verde; (5) integración de criterios ambientales rigurosos para garantizar que la expansión renovable no impacte ecosistemas frágiles de la Patagonia (particularmente en áreas de transición entre estepa y valles, donde se concentra fauna endémica). Las inversoras internacionales consultadas en conversaciones off-the-record señalan que, de confirmarse una hoja de ruta clara hacia 2030 con metas alcanzables y respaldadas en financiamiento, Neuquén podría atraer entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en la próxima década. El sector privado está dispuesto; lo que falta es que el Estado tome decisiones de largo plazo y las comunique con claridad. La ventana de oportunidad es ahora: el mundo de 2026 penaliza a productores de energía con alta huella de carbono, y Neuquén, si espera, perderá mercados. Las renovables no compiten con el petróleo y el gas, sino que los potencian. Esa es la narrativa que debe dominar en Buenos Aires y Neuquén si se quiere construir un modelo de verdad diversificado.







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